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El profesor, que acaba de publicar 'En la era de los niños cosa', reflexiona sobre un modelo de crianza donde los hijos son un proyecto vital

FUENTE: Jara Bravo / La Vanguardia - 22 de julio de 2026

Hay niños que no tienen tiempo para aburrirse, ni para equivocarse. Su día empieza con el colegio, sigue con inglés, encadena deberes y termina entre actividades físicas que prometen un futuro mejor. La infancia, que durante décadas fue territorio de juego y desorden, se ha ido pareciendo cada vez más a una hoja de ruta. Optimizar, estimular, anticipar. Como si crecer fuera un proyecto que hubiera que ajustar desde muy temprano para que no se descarrile.

El filósofo Santiago Gerchunoff reflexiona sobre esta idea en su libro En la era de los niños cosa: Ensayos contra la crianza como emprendimiento (Lengua de trapo). Docente de Teoría Política en la Universidad Carlos III y profesor de Filosofía en un instituto público de Madrid, el especialista describe este cambio con una idea incómoda: los niños han dejado de ser sujetos de cuidado para convertirse en proyectos de mejora permanente. No se trata solo de educar, sino de rendir.

En esta entrevista para La Vanguardia, el escritor reflexiona sobre esta transformación silenciosa de la paternidad que, en su intento de hacerlo todo bien, ha dejado cada vez menos espacio para el azar y el juego.

¿Cómo surgió la idea de los niños cosa?

Durante años, escribí ensayos para varios periódicos y revistas. Me encargaban analizar temas de la actualidad desde el punto de vista de la filosofía. En aquella época, mis hijas eran pequeñas, así que me surgían muchos textos sobre educar. Eso quedó ahí y, con el tiempo, me di cuenta de que existía un hilo que unía todo: la idea de los niños cosa y la crianza como emprendimiento. Es una especie de crítica a una manera de criar contemporánea que, además, surgió por una incomodidad ante mi propia manera de ser padre.

¿Qué le reveló esa incomodidad?

Una sensación de que tenemos hijos como si fueran cosas que compramos. De hecho, es curioso el verbo que usamos. Desde siempre decimos ‘tener’ hijos, como si fueran una propiedad. Es algo que se ha extremado. Entonces, yo empecé a notar que tener hijos es un proyecto personal e individual de desarrollo, donde ellos son extensiones o proyecciones de lo que uno quiere ser o de lo que le gustaría que fueran esos menores, y como tal los tratamos.

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