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FUENTE: Juan E. Fernández / Informe21 - 26 de agosto de 2026

Durante el velorio de su madre, el filósofo Darío Sztajnszrajber atraviesa un acontecimiento que resquebraja la realidad y llena el escenario de relatos y personajes que ya no responden a la lógica ordenada del duelo. Esa es la premisa de Mamá, soy un idiota, la obra que Sztajnszrajber estrenó el pasado viernes 22 de agosto en el Teatro Politeama, y a la que tuve el privilegio de asistir en su primera función.

Igual antes de hablarles de la obra, hay algo que he notado desde que la Inteligencia Artificial tomó protagonismo: Cada vez más personas se van volcando a ciencias que creíamos extintas, y una precisamente es la madre de todas las ciencias, ciertamente estoy hablando de la filosofía.

Y es que, en estos tiempos, donde cualquiera con un celular en la mano puede tener una conversación con una máquina que responde con la fluidez de un doctorado, los seres humanos volvimos, casi por instinto de supervivencia, a las preguntas de siempre: cuál es el sentido de la vida, cómo va a ser nuestra relación con esta IA, qué nos queda de humanos cuando delegamos el pensamiento en un prompt, qué hacemos con el duelo y con la muerte cuando ya no hace falta saber nada de memoria.

Estas preguntas que durante décadas quedaron encerradas en seminarios de facultad, ahora volvieron a la conversación general. Y en ese marco, filósofos como Tomás Balmaceda y Darío Sztajnszrajber se transformaron en algo parecido a rockstars: llenan auditorios, agotan localidades, generan el tipo de expectativa que antes le pertenecía solamente a la música o al stand up.

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