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El pedagogo José Antonio Marina alerta sobre el modelo educativo actual, señalando que promueve una felicidad fácil e inmediata que debilita la resiliencia juvenil y fomenta la aparición de adicciones emocionales y digitales

FUENTE: ACyV - 3 de octubre de 2026

El aumento de la vulnerabilidad emocional y el avance de las adicciones entre la juventud española está reabriendo el debate sobre el modelo educativo actual. Cada vez son más los docentes, familias y especialistas que muestran preocupación por la baja tolerancia a la frustración y la constante necesidad de gratificación inmediata en las aulas o en casa. Frente a este panorama, las voces de referencia en la pedagogía buscan explicaciones que vayan más allá de los síntomas visibles y profundicen en las dinámicas culturales del presente.

A sus 87 años, el reconocido pensador y pedagogo español José Antonio Marina ha lanzado un aviso tajante sobre el origen de esta crisis de fragilidad social. La reflexión, abordada en su libro La vacuna contra las adicciones y expuesta en diversas intervenciones públicas como el pódcast El Sentido De La Birra con Ricardo Moya, apunta directamente a las falsas promesas de plenitud con las que se está educando a las nuevas generaciones.

Para el ensayista, la raíz del problema no radica de forma exclusiva en el consumo de sustancias o el abuso de las pantallas, sino en el trasfondo ético y cultural que se les ofrece a los menores. Marina sostiene que la gran epidemia del siglo XXI se alimenta de un modelo de crianza que esquiva el valor del esfuerzo consciente, sustituyendo la resiliencia por alivios inmediatos como el alcohol, los tranquilizantes o el uso compulsivo de plataformas digitales. "El mayor error educativo ha sido decirles a los jóvenes: solo importa tu felicidad y lograrla es muy fácil", asegura el filósofo.

La trampa del esfuerzo cero

Esta contundente premisa pone el foco en cómo el mensaje de la inmediatez choca frontalmente con las inevitables adversidades de la vida cotidiana. Durante la entrevista concedida a Moya, el pensador advirtió sobre la trampa evolutiva que supone acomodar en exceso a las mentes en desarrollo: "Una de las chapuzas evolutivas de nuestro cerebro es que es perezoso y, si ve resuelto el problema, pues no se esfuerza". 

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