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FUENTE: Adán Rafael Ortiz Ramírez  - Zona Franca - 12 de julio de 2026

¿Qué papel juega la imaginación en el quehacer de la filosofía? Al pensar en la filosofía, es casi inmediato relacionarla con el ejercicio de la razón, cuyo trabajo consiste en reflexionar sobre las cuestiones más profundas de la realidad en la que habita el ser humano. La filosofía se erige como la disciplina en la que el rigor lógico es clave para la construcción de los juicios que edificarán sus teorías, por lo que la imaginación podría parecer un obstáculo al momento de llevar a cabo dicha tarea filosófica. Esto se debe a que, en su naturaleza, pueden engendrarse todo tipo de imágenes que no correspondan con la realidad misma y que nos alejen del tan anhelado sueño de la filosofía: alcanzar la verdad. Por ello, la imaginación no siempre ha contado con el beneplácito de todos los filósofos a lo largo de su historia. Como ejemplo, podemos nombrar al filósofo escocés David Hume, para quien, en la imaginación, las ideas se vuelven más confusas al alejarse de las impresiones de los sentidos, las cuales, según su postura, proporcionan las ideas más claras y cercanas a la realidad: “la percepción es en la imaginación tenue y lánguida, y sólo difícilmente puede ser preservada por la mente de un modo constante y uniforme durante un periodo de tiempo considerable” (Hume, 2013, p. 52).

Es natural entonces que, cuando hablamos de una preparación en el ejercicio de la filosofía, la vinculemos con el desarrollo de habilidades críticas que permiten analizar y cuestionar lo que sucede a nuestro alrededor: Llegar a un conocimiento claro y distinto, proponía Descartes en su famoso Discurso del método, lo cual implicaba “no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu” (Descartes, 2006, p. 53). En este tenor, la tarea de la filosofía podría consistir en evitar los juicios falsos y oscuros que nublen el uso correcto de la razón. ¿Podría ser la imaginación una fuente de oscuridad que enturbie los juicios que persigue la filosofía?

Lo que busco transmitir y compartir no es solo que la imaginación no ensombrece los juicios de la filosofía, sino que constituye una de las facultades del pensamiento indispensables para el ejercicio de la filosofía misma. Volviendo al propio Hume, este le adjudica a la imaginación una propiedad fundamental para la indagación filosófica: “la libertad de la imaginación para trastocar y alterar el orden de las ideas” (Hume, 2013). La imaginación, si bien no es infinitamente ilimitada, tiene la capacidad de liberarse de los límites que impone el orden de la realidad y escapar de ellos para jugar a deconstruir y reconstruir el mundo de maneras diversas.

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La imagen ilustrativa no forma parte del texto original. FEM/IA

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