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La pensadora valenciana cree que el futuro es un terreno en disputa y advierte de que la educación nos induce a integrarnos en el sistema en lugar de transformarlo

FUENTE: Manu Collado - 15 de julio de 2026

“Necesitamos imaginar otros futuros porque este presente se nos cae”. Hablar con Eurídice Cabañes (Valencia, 1983) me ha recordado automáticamente a la obra de Donna Haraway. Como la autora del Manifiesto Cyborg, esta filósofa valenciana no piensa la tecnología como un catálogo de dispositivos, sino como el lugar donde se están reescribiendo nuestras formas de resistencia y sumisión ante un status quo que ha encontrado en el aceleracionismo un gran aliado.

Sin embargo, el trabajo de esta licenciada en Filosofía por la Universidad de Valencia y doctora por la Autónoma de Madrid es pretendidamente mucho más accesible que el de la pensadora estadounidense. Cabañes sitúa su trabajo en el cruce entre filosofía, arte, tecnopolítica y cultura lúdica. Su trayectoria incluye la fundación de ARSGAMES, colectivo internacional de investigación-acción que trabaja con videojuegos y nuevas tecnologías desde el prisma de la educación y la participación ciudadana. Asimismo, dirige la Fábrica Digital El Rule en México, ha publicado más de un centenar de publicaciones y participado en alrededor de doscientas conferencias internacionales.

Su investigación cuestiona la supuesta neutralidad de la tecnología y atiende a cómo los algoritmos, los videojuegos, la IA o las infraestructuras digitales afectan a nuestra subjetividad y a futuros marcados por las estructuras de poder de siempre.

¿Qué es la “tecnosofía”?

Creo que es la forma de la filosofía actual. La filosofía siempre se ha preguntado por lo que la rodea y ahora toda nuestra existencia está mediada tecnológicamente. Por tanto, nuestras preguntas sobre la actualidad tienen que responder también a preguntas sobre la tecnología. Hoy es muy difícil hablar de filosofía sin hablar de tecnología.

¿Las grandes tecnológicas se han dado cuenta de que necesitan filósofos? Google DeepMind acaba de fichar a uno bajo esa categorización profesional.

En realidad, llevan años contratando filósofos, especialmente por el tema de la ética y la inteligencia artificial. Lo que me preocupa es que esa contratación se concentre en la ética, porque estas grandes corporaciones tienen un fin muy claro por encima de todos los demás: el beneficio económico. Me da miedo que sea mero ethical washing, una forma de quitarse críticas de encima, y no un reconocimiento real del valor de los filósofos en este momento.

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