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  • La aparición de ChatGPT marcó, para Éric Sadin, un cambio profundo en la relación entre las personas y la tecnología.
  • El autor sostiene que la IA ya no automatiza solo tareas mecánicas, sino que avanza sobre capacidades intelectuales y creativas.
  • Su libro propone una crítica al capitalismo lingüístico y a la creciente dependencia de los sistemas de IA.

FUENTE: Alejandra Valera / Clarín - 22 de julio de 2026

La imagen de las personas concentradas en las pantallas de sus teléfonos celulares en un transporte público de cualquier ciudad sintetiza un espíritu de época y una transformación política. La noción misma de espacio público se ve cuestionada porque esos sujetos son capturados por una suerte de privatización del espacio y el tiempo que los aleja de la presencia de la vida compartida, pero hay un dato más peligroso. Ese gesto idéntico de los cuerpos inclinados hacia la pantalla es una señal de obediencia y sometimiento, de una nueva gubernamentalidad que, en su manera de orientar la uniformización de las conductas, entra en una alianza silenciosa, imperceptible, con una forma de poder maquínico que conquista nuestro lenguaje y nuestro juicio.

La comodidad y el sentido de lo utilitario son dos factores que Éric Sadin observa como determinantes para nuestra rápida asimilación del mundo digital y, especialmente, para nuestra incorporación dócil y, por momentos, ingenua de la inteligencia artificial generativa. En su libro El desierto de nosotros mismos (traducido por Margarita Martínez), el filósofo francés habla de un giro intelectual y creativo que se produjo con la aparición de ChatGPT el 30 de noviembre del año 2022.

La lectura de su libro, publicado por Caja Negra Editora, nos motiva a un ejercicio intelectual de repensar algunos conceptos, en primer lugar, la noción de alienación de Marx desarrollada en La ideología alemana (1845), cuando señala que la mano del obrero no se reconoce ni en los resultados de su trabajo ni en su actividad.

Si Marx nos llevó a ver que el valor de la mercancía estaba dado por el tiempo de trabajo humano acumulado y que, en esa acción mecánica, el obrero perdía su subjetividad, la IA captura nuestra humanidad completa. Ya no se trata de una tecnología que nos libera de tareas pesadas y engorrosas, sino que se apropia del desempeño creativo e intelectual, de tareas que están cargadas de sentido para quienes las realizan.

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