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Nuestra capacidad de debate no tiene nada que respetar a otros. Son dos conceptos que pueden convivir perfectamente.

FUENTE: Anabel Palomares / Trendencias - 8 de julio de 2026

Aurelio Arteta desmontaba en su libro ‘Tantos tontos tópicos' ese de que "todas las opiniones son respetables", o su primo hermano "respeto sus ideas, pero no las comparto". Y digo desmonta porque según el filósofo y catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universidad del País Vasco, confundimos el respeto a las personas con el respeto a sus ideas, como también comentaba José Antonio Marina. "Las ideas no se respetan, están hechas precisamente para ser contradichas", asegura Arteta.

Para el filósofo, "respetar opiniones significa enfrentarlas entre sí, no yuxtaponerlas y preservarlas de su choque", como decía en una entrevista concedida a El Español porque tratar una idea como si fuera intocable no es respeto, sino un acto simple de sacarla de la conversación. “Si lo fueran, no tendríamos que argumentar las propias opiniones ni atrevernos a cuestionar las ajenas. Todas valdrían lo mismo, lo que al final significa que ninguna vale nada”, aseguraba.

Cuando el respeto por tus ideas significa "no quiero hablar de esto"

Lo que hemos hecho, de alguna forma, es invertir el orden de las cosas. “Quien merece respeto es la persona, y con harta frecuencia a pesar de sus opiniones”, afirma. Es decir, confundimos el respeto que le debemos a alguien, con un respeto a sus ideas, pero estas están para argumentarse. De hecho, cuando una idea que no puede ser discutida deja de ser una idea para convertirse en otra cosa. Si alguien argumenta con un “esta es mi opinión”, no defiende su idea, sino que confiesa sin saber y bajo los ojos de Arteta, que en realidad no tiene argumentos para defenderla. 

Convertir una idea en intocable con ese falso respeto, responde a la necesidad de cierre cognitivo que describió el psicólogo Arie Kruglanski. El cerebro, de forma natural, tiene una tendencia a reducir la ambigüedad porque la incertidumbre nos incomoda. Eso nos empuja a fijar creencias con rapidez y a defenderlas para sostener la sensación de que el asunto está cerrado. Exigir que una idea se "respete" en lugar de discutirla, puede buscar precisamente eso, que la idea no se reabra porque ya está cerrada y asentada como parte de nuestras creencias. Además, la falsa tolerancia no suele ser apertura mental ni inteligencia emocional, sino una estrategia para no exponerse.

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