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Si alguna vez te has preguntado como será el mundo dentro de 20 años, seguro que tu respuesta ha sido: ni idea. Ni siquiera filósofos e historiadores como Yuval Noah Harari, uno de los mayores expertos sobre el futuro de la humanidad, saben lo que nos depara el futuro, pero sí que tienen claro cuál es la clave para adaptarnos a todos los cambios que nos esperan.

Celia Pérez León
CuerpoMente - 14 de septiembre de 2025

Durante siglos, la humanidad ha vivido con una certeza básica: aunque el mundo cambiase de forma imprevisible, las habilidades fundamentales para vivir y trabajar solían ser siempre las mismas. Ahora, el futuro nos asusta, y con razón. Así lo explica el filósofo, historiador y escritor Yuval Noah Harari, una de las voces actuales más relevantes sobre el futuro de la humanidad.

El filósofo nos pone el ejemplo de un campesino del siglo XV. Podía no tener ni idea de si su rey caería en batalla o si habría una sequía devastadora, pero sabía que, pasara lo que pasara, sus hijos necesitarían saber segar el trigo, sembrar y construir un hogar. Pero ahora, por primera vez en la historia, esa lógica ha dejado de tener sentido.

Por primera vez en la historia

“Es la primera vez en la historia que no sabemos cómo será el mundo de aquí a veinte o treinta años”, explica el historiador cuando una profesora le pregunta sobre qué habilidades serán necesarias para los trabajos del futuro. “Como es obvio, nunca hemos predicho el futuro”, aclara el experto. Sin embargo, añade, “a lo largo de la historia, hemos sabido las aptitudes que harían falta para sobrevivir y trabajar”.

Esto ya no nos sucede. Ahora, si intentamos imaginarnos cómo será el mundo dentro de veinte años, “no es solo que no sepamos cuál será la situación política, sino que no tenemos ni idea de cómo serán la economía, el mercado laboral, ni qué puestos de trabajo habrá”, expone Harari en una conferencia para Aprendemos juntos de BBVA.

Esto es lo que nos deja en una delicada situación, porque por primera vez en la historia no sabemos qué debemos enseñar. “Sabemos que muchas profesiones actuales van a desaparecer”, advierte, “surgirán otras, pero no sabemos cuáles”.

Entre tanta incertidumbre, este colapso de la previsibilidad nos deja claro que educar desde la especialización es una apuesta arriesgada. Instruir a los jóvenes en habilidades específicas, como si fueran herramientas definitivas, es formarlos para un mundo que probablemente ya no existirá cuando lleguen a la adultez. Es lo que pasó, por ejemplo, con el caso de la programación.

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