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Infobae - 22 de marzo de 2025

El filósofo Víctor Gómez Pin defiende en su último libro, ‘El ser que cuenta’, la irreductible singularidad del ser humano frente a los intentos de la ciencia contemporánea y la inteligencia artificial de tratarlo como un objeto más dentro de la naturaleza.

En una entrevista con EFE, el pensador barcelonés advierte sobre los riesgos del reduccionismo, una corriente que considera inadecuada tanto desde el punto de vista epistemológico como ético.

“El objeto de la ciencia es la naturaleza, no el ser que piensa la naturaleza”, sostiene Gómez Pin, quien matiza que mientras disciplinas como la biología estudian legítimamente la vida, esto no implica que pueda existir una “ciencia del hombre” y, en su opinión, aceptar tal cosa requeriría convertir el lenguaje humano en un mero objeto, como una célula o un electrón, algo que considera “vicioso” y conceptualmente incorrecto.

La génesis de 'El ser que cuenta' parte de esta crítica al reduccionismo, pero también explora el auge de la genética y la inteligencia artificial, dos áreas que, a juicio del autor, requieren una interpretación filosófica más rigurosa: “La genética ha alcanzado un nivel de exactitud que antes se atribuía solo a la física. Sin embargo, nos habla solo de las condiciones de posibilidad del lenguaje, como la fisiología que permite la articulación, pero no del lenguaje mismo”, explica.

En este contexto, Gómez Pin diferencia entre los códigos de señales propios del mundo animal y el lenguaje humano, que implica la capacidad de significar y, a su juicio, esta distinción sigue sin estar bien comprendida en la actualidad, alimentando malentendidos tanto en la filosofía como en las ciencias cognitivas.

La inteligencia artificial plantea, según el filósofo, un desafío aún mayor y cita dos ejemplos que le resultan especialmente significativos: el algoritmo AlphaFold 2, que predice el plegamiento de proteínas con una precisión inalcanzable para los humanos, y LaMDA, el sistema conversacional de Google que mantuvo un diálogo con un ingeniero en el que llegó a plantear una objeción moral de tipo kantiano.

“Esos dos casos son absolutamente apabullantes. Pero todavía no concluyo que haya en ellos una razón como la nuestra”, matiza.

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Imagen ilustrativa NO en el original / FEM/MS Designer


 

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