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 Alexis Racionero
MSN - 14 de mayo de 2025

Somos lo que pensamos, lo decía Buda. Hacemos lo que pensamos y estas acciones condicionan nuestro carácter e incluso nuestro destino. Podemos tener diversas formas de pensamiento, uno más rápido e intuitivo y otro lento y reflexivo. El primero puede ser efectivo, pero comete errores. Por el contrario, pensar reflexivamente, contemplando con
parsimonia puede ser un gran recurso para guiar nuestra vida. Así lo plantea el psicólogo y filósofo danés Svend Brinkmann en su libro Pensar (Koan, 24).

El ensayo plantea la importancia de introducir momentos contemplativos en nuestro día a día en los que poder divagar con nuestros pensamientos. No tratando de resolver nada de una forma funcional, sino activando el ejercicio de reflexionar y el espíritu crítico. Cuestionar o filosofar son condiciones que tenemos un poco dormidas. Acaso porque, como advierte Brinkmann, “la reflexión es potencialmente peligrosa porque puede conducir a la gente a cuestionar lo que, de otra forma, parece obvio”. En ocasiones, la educación sirve para anestesiar esta capacidad al llenarnos de creencias preestablecidas. Según nuestro carácter y edad, llegamos a cuestionar ciertas ideas, pero últimamente “nuestra sociedad se ha vuelto demasiado obediente y poco crítica”, opina. 

Platón decía que la filosofía se origina en el asombro. No deberíamos dejar de ser curiosos. Es necesario pensar y tener un espíritu autocrítico. Sin duda, el objetivo primordial de la educación debería ser el cultivo de hábitos que alienten el pensamiento. Leer ensayos, poesía, buena ficción, jugar al ajedrez, hacer crucigramas y por encima de todo, estimular aquello que nos enseña a relacionar ideas. También hay que aprender a abrir nuestra mente e ir más allá de esas convicciones enquistadas que nos condicionan. ​John Dewey en su libro Cómo pensamos (1910) planteaba el proceso del pensamiento en cinco fases.​​1 – Identificar el problema.​​2 – Analizar el problema.​​3 – Contemplar varias soluciones posibles.​​4 – Evaluar y elegir la mejor opción.​​5 – Testear y desplegar la solución.

Defensa del pensamiento contemplativo

Así es como pensamos de una forma genérica y global. Importa contemplar varios escenarios y, como defiende Brinkmann,  pensar por pensar sin tener que estar resolviendo problemas continuamente. Es bueno dar espacio a los pensamientos que uno tiene al salir a pasear o que aparecen de una forma libre y no forzada. Ensimismarse pensando.

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