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La doctora en Filosofía, directora de La Casa dels Clàssics y fundadora del Instituto para el Diálogo Socrático reinvindica el diálogo entre diferentes como antídoto contra la polarización

Antonio Vico
Cadena SER - 30 de agosto de 2025

“Cuando nos sentimos desorientados y no sabemos hacia dónde dar el siguiente paso, girarnos y mirar qué dijeron los clásicos en situaciones parecidas a las nuestras nos ilumina y nos guía. Por eso siempre es un as en la manga. Los clásicos son aquellos que dijeron cosas que llamamos clásicas porque todavía nos funcionan hoy”. Sira Abenoza es doctora en Filosofía por la Universitat de Barcelona y directora de La Casa dels Clàssics, una institución que se dedica a divulgar literatura clásica universal.

De entrada reconoce que “el presente es muy descorazonador a distintos niveles”. Un presente que nos lleva a cuestionarnos si nuestra brújula moral está estropeada, si estamos retrocediendo o repitiendo errores del pasado como humanidad. Para la filósofa, si algo determina la singularidad de nuestro tiempo son los avances tecnológicos y científicos. “Avanzan muy rápido y, en cambio, parece que no encontramos el tiempo para parar y preguntarnos si eso tiene sentido o si hay avances tecnológicos y científicos que deberíamos poner en duda”.

“Vivimos una vida tan rápida y estamos tan borrachos de información que nos sentimos abrumados y despistados... Menos capaces de apartar la niebla y preguntarnos qué hay de estructural en lo que está ocurriendo y en qué cuestiones deberíamos hacer un cambio de rumbo. Andamos en la niebla”, sentencia.

Hay una particularidad en el currículum de nuestra entrevistada. Es, sin duda, una mujer de letras, pero, paralelamente, también estudió comercio internacional. De hecho, desde hace años imparte clases en una escuela de negocios, en el departamento de Sociedad, Política y Sostenibilidad de ESADE. Es, en ese sentido, una infiltrada. “Ya en esa época de estudiante de negocios en un centro privado veía que lo que los futuros empresarios y directivos –quienes decidirían en el futuro cómo sería el mundo– hablaban y escuchaban en las aulas los llevaba solo a preocuparse por hacer dinero. En cambio, en la Facultad de Filosofía, y en el bar de la facultad, nos preguntábamos todos cómo hacer un mundo mejor. Entonces ahí dije: ‘Yo lo que tengo que hacer es llevar a los directivos a las aulas de filosofía, porque ellos son los que tendrán poder y tenemos que lograr que ellos reflexionen’. Por eso decidí infiltrarme”.

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