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Víctor Gómez Pin: «El ser que cuenta»: La excepcionalidad del hombre frente a la inteligencia artificial y los animales viene definida por el lenguaje, un hallazgo absolutamente inédito en la escala evolutiva

Alfonso Basallo
Nueva Revista  - 12 de mayo de 2025

Víctor Gómez Pin. (Barcelona, 1944). Catedrático emérito de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona. Coordinador del International Ontology Congress (UNESCO) y colaborador en el área de Inteligencia Artificial de la Universidad Pública de Navarra. Autor, entre otros, de Tras la física. Arranque jónico y renacer cuántico de la filosofía; Pitágoras, la infancia de la filosofía y El honor de los filósofos.

El arrollador avance de la inteligencia artificial está cuestionando la certeza de la singularidad humana; y algunos teóricos auguran que esta caerá del podio y será reemplazada por las máquinas. Pero el filósofo Víctor Gómez Pin refuta esa tesis en el ensayo El ser que cuenta y reivindica la singularidad del hombre, basada en un atributo excepcional en la escala evolutiva: el lenguaje, que le permite descifrar símbolos y hacer razonamientos abstractos. Gracias a la palabra, la humana es «la especie que cuenta cosas, da cuenta de las cosas y, en razón misma de ello, prioritariamente importa».Víctor Gómez Pin: «El ser que cuenta». Acantilado, 2025

En la primera parte del ensayo, expone el autor cómo algunas entidades artificiales han alcanzado un nivel de sofisticación sorprendente. Cita ejemplos como AlphaFold2, un sistema que predice la estructura de las proteínas con una precisión que supera a los humanos. Otro caso llamativo es el del artefacto Lamda que, según un ingeniero, posee sentimientos y conciencia, por lo que cabe plantearse si se podría considerar persona. Pero Gómez Pin relativiza este fenómeno, sosteniendo que lo de Lamda es más una simulación lingüística que una verdadera conversación racional.

En la segunda parte, titulada La vida se hizo verbo, Gómez Pin toma pie de Descartes para argumentar que ninguna otra criatura animal o maquinal posee un lenguaje que articule una visión simbólica del mundo como el humano. Cada niño que aprende a hablar repite el proceso que dio lugar a la humanidad misma. En ese proceso se despierta no solo la facultad de nombrar, sino también el asombro, la estética, la matemática y la conciencia de uno mismo y del universo. 

En la tercera parte, Verbo sin vida, Gómez Pin se pregunta si una máquina que tenga el equivalente digital a la vista, el oído, el tacto, el olfato y el gusto tendría también un equivalente digital del sentido común, rasgo específico de la persona humana. Matiza que para ser considerada verdadera inteligencia la máquina debería superar lo que él llama el test de Kant: ser capaz de explicar los fenómenos que ha previsto; ser capaz de distinguir entre lo digno de lo indigno y demostrar sensibilidad estética.

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