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Vértigo Político - 26 de febrero de 2025

“Hoy en día, las expectativas sobre lo que se logrará con la inteligencia artificial (IA) son muy elevadas. Se espera que tenga un enorme impacto en áreas tales como la educación, la investigación científica, las finanzas, el transporte y la salud”, señaló Carlos A. Coello Coello, miembro de El Colegio Nacional, al impartir y coordinar la primera sesión del curso Una breve introducción a la inteligencia artificial y sus aplicaciones.

El colegiado realizó una cronología en la que dejó claro que el interés por mecanizar los procesos del pensamiento humano no es nuevo, es muy antiguo. “Mucho de lo que plantearon los pioneros de la IA, surge de la filosofía. Aristóteles introdujo los “silogismos”, una propuesta que permitía generar mecánicamente conclusiones, con base en una serie de leyes de razonamiento deductivo. Los silogismos constaban de tres partes: argumento mayor, argumento menor y conclusión. Por ejemplo: Argumento mayor, todos los hombres son mortales; el argumento menor, Carlos es un hombre, por lo tanto, como conclusión: Carlos es mortal. La idea era poder mecanizar el proceso de llegar a la conclusión”.

Fue en 1308, cuando el filósofo español Ramón Llull diseñó y construyó la primera máquina lógica llamada Ars Magna, en la que las teorías, los sujetos y los predicados teológicos se representaban mediante figuras geométricas que él consideraba “perfectas”, como círculos, cuadrados y triángulos. Usando palancas, manivelas y un volante, era posible demostrar con esta máquina la falsedad o certeza de un postulado, explicó el ingeniero mexicano.

Agregó que, en 1637, el filósofo René Descartes planteó la idea de dudar de lo que captaban los sentidos. Es decir, separó a la mente del mundo físico; identificó la conciencia y autoconciencia, y la distinguió del cerebro como el asiento de la inteligencia. En 1694, el matemático y filósofo Gottfried Wilhelm Leibniz planteó la posibilidad de la existencia de máquinas que pudieran evaluar las argumentaciones, pues creía que se podía automatizar el pensamiento. Y para 1943, los investigadores estadounidenses Warren McCulloch y Walter Pitts propusieron un modelo de neuronas artificiales en el cual cada neurona se caracterizaba por estar “encendida” o “apagada”.

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