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La estupidez parece campar a sus anchas y la filosofía puede explicarnos por qué. Ya lo decía Kant en el siglo XVIII, y lo repite José Carlos Ruiz en pleno siglo XXI. El problema es que no nos emancipamos intelectualmente.

Celia Pérez León / Lecturas - 29 de enero de 2026

En la primera mitad del siglo XX, el investigador neozelandés James Flynn observó lo que se dio en llamar el ‘Efecto Flynn’. La humanidad era cada vez más inteligente. Cada década, el coeficiente intelectual aumentaba una media de tres puntos. A partir de los 70 y 80, algo cambió. El Centro de Investigación Económica Ragnar Frish, en Noruega, notó que los nacidos después de 1975 tenían un CI inferior al de generaciones anteriores. Desde entonces, las cifras no han dejado de caer.

Actualmente, los expertos calculan que el CI mundial ha descendido unos 14 puntos. Y sigue en picado. La tierra vuelve a ser plana, la medicina se cuestiona y cualquier iluminado con una cámara puede convertirse en gurú de miles. Y la filosofía lleva siglos advirtiéndonos de la posible deriva, como confirma el filósofo José Carlos Ruiz. “Kant decía que lo más cómodo es no emanciparse”, nos explica en una entrevista que concede a la Revista Lecturas, “lo que le sucede al indigente mental que se ha pasado la vida bajo el amparo del criterio de otros”.

La indigencia mental

El filósofo cordobés José Carlos Ruiz explica el fenómeno con el término “indigencia mental”. “Es un proceso en el que el sujeto percibe que, ante un problema, carece de las herramientas intelectuales necesarias para hacerle frente, precisando agentes externos para su solución”, define cuando le preguntamos por la idea en una entrevista que concede a la Revista Lecturas.

El problema no es solo la ausencia de herramientas, sino la asunción de esta falta. “Esta toma de conciencia de su incompetencia intelectual”, continúa el pensador, “lo convierte en un indigente mental”. Desde el momento en el que el sujeto se percibe como alguien sin recursos intelectuales, desde que asume que la respuesta a sus problemas debe dársela otra persona, se ha convertido en un indigente mental, incapaz de ofrecer techo a su propia inteligencia.

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