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El filósofo José Carlos Ruiz concede a Lecturas esta entrevista en la que nos explica las bases de su filosofía, analizamos la educación actual y abordamos asuntos tan importantes como la felicidad, la hiperactividad social y la elegancia mental.

Celia Pérez León / Lecturas - 7 de diciembre de 2025

Vivimos en una época de hiperconexión que parece habernos alejado de lo esencial. Así lo revela el filósofo, profesor y divulgador José Carlos Ruiz, que se ha convertido en una de las voces más lúcidas a la hora de pensar quiénes somos y cómo habitamos este presente acelerado. Con obras como 'Filosofía ante el desánimo' o 'Incompletos', el pensador ha logrado poner el foco en conceptos que atraviesan nuestra vida cotidiana: el criterio propio, la identidad, el legado, la posfelicidad o la elegancia mental.

Conversar con él es un ejercicio sutil que consiste en detener el ruido exterior, para observar con claridad cómo la velocidad, la presión emocional y la cultura del rendimiento moldean nuestras decisiones más íntimas. En esta entrevista que concede a Lecturas, analiza la construcción del pensamiento crítico en un mundo dominado por narrativas algorítmicas, reflexiona sobre la educación emocional de las nuevas generaciones, y nos deja un mensaje importante: la filosofía es la base firme que sostiene el mundo en tiempos inciertos. 

Palabra de profesor

-Has dedicado buena parte de tu trabajo al pensamiento crítico. ¿Por qué crees que en nuestra sociedad hiperconectada es más necesario que nunca incentivar ese criterio propio?


Es cierto que estamos más conectados, hasta el extremo, como bien apuntas, de estar hiperconectados. Lo paradójico es que esta hiperconexión va en detrimento de la relación. Es decir, hemos suplido las relaciones vivenciales por la ligereza y facilidad de las conexiones.

Ahora bien, el tema de incentivar la construcción del criterio propio es una cuestión fundamental para la construcción de la identidad. Kant ya apuntaba sobre la importancia de salir de la minoría de edad (intelectual) de cara a liberarse de la tutela de los demás, de ahí su famoso lema: ¡Atrévete a pensar! Una proclama que, en pleno siglo XXI se antoja revolucionaria y radical desde el momento en el que estamos derivando los procesos cognitivos hacia la IA, al tiempo que nuestra cosmovisión se construye desde las narrativas algorítmicas, desconocedoras de nuestras biografías. Lo revolucionario, lo divergente, lo singular, será tener criterio propio.

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