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En entrevista, el autor de ‘Los caprichos de Occidente’ habla de filosofía y arte, de Marx, Goya, Frida, Gabriel Orozco y Rafael Lozano-Hemmer, a quien considera el más grande artista mexicano de la actualidad.

José Juan de Ávila
Milenio - 12 de septiembre de 2025

El filósofo y crítico Jorge Juanes ha escrito 32 libros y anda metido en la confección de una historia del arte en cuatro o cinco tomos. No obstante, dice estar en deuda con el arte. “A partir del problema del arte y de cómo Platón expulsa a los artistas de su República, levanté una relación de sospecha: por qué la filosofía no soporta al arte. Y esto me llevó a desmarcarme de la filosofía como un discurso de poder. Por tanto, hablo como un expulsado de La República de Platón”, expone Juanes.

Recibe en su estudio a Laberinto y advierte que está “dispuesto a responder lo que sea” en la entrevista, en la cual lo mismo habla sobre Karl Marx, Francisco de Goya, Frida Kahlo, Gabriel Orozco o Rafael Lozano-Hemmer, que refiere cómo se hizo mexicano en medio de la guerra tras experimentar dos dictaduras.

El autor de Los caprichos de Occidente (1984) nació en 1940 en la República Dominicana de Rafael Leónidas Trujillo cuando sus padres valencianos escaparon de otro dictador, Francisco Franco. Después llegó a México, se hizo chilango y su patria fueron las calles de Turín y Abraham González, en la colonia Juárez, donde de joven jugaba al tochito, a la cascarita, a lo que fuera.

Profesor en universidades públicas, aunque siempre con sede en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), contribuyó a formar gente en el campo del arte y el pensamiento, creó maestrías, doctorados, talleres a lo largo de más de medio siglo, por lo que el pasado 3 de septiembre un grupo de intelectuales le rindió homenaje en la Casa Universitaria del Libro.

Admite que hay quien cree que es el padre del cantante colombiano Juanes, y con ese mismo humor recuerda cuando el poeta y periodista Renato Leduc le advirtió acerca de recibir homenajes. “Siempre me acuerdo de Renato Leduc, porque cuando le dieron la Medalla Belisario Domínguez, le dije: ‘Renato, qué bárbaro’. Y me respondió: ‘No, ya me chingaron. Cuando en México te reconocen es porque ya estás con un pie en la tumba, cabrón’. Así que espero que no se cumpla esa sentencia”.

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