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Especializado en psiquiatría y psicología, formó parte de la discusión sobre neuroderechos y neuroética celebrada ayer en la Fundación Paideia de A Coruña

Lois Balado
La Voz de Galicia - 14 de marzo de 2025

Las personas tienen derecho a la privacidad mental y a la identidad personal. Son dos de los cinco neuroderechos que, en el año 2017, un grupo de expertos de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) comenzó a redactar ante la preocupación creciente de que el progreso podría llegar a interferir con nuestra actividad cerebral. El científico español Rafael Yuste estuvo metido de lleno en aquel proyecto y ayer protagonizó una de las ponencias del XXVI Ateneo de Bioética: neuroética y neuroderecho que se celebró ayer en la Fundación Paideia de A Coruña. Una discusión organizada por la Fundación Ciencias de la Salud que preside Diego Gracia, psiquiatra, catedrático Emérito de Historia de la Medicina en la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Real Academia Nacional de Medicina y una de las voces más autorizadas a la hora de hablar de bioética que se puedan encontrar.

—Organizan una serie de conferencias sobre cómo se deben abordar nuestros neuroderechos y hasta qué punto no se deberían transgredir fronteras éticas sobre. Casi resulta necesario parar y repetirse esto, que parece un argumento de una novela distópica: debemos prevenir que el progreso no tenga como víctima a nuestros “neuroderechos”. 

—Las novedades que se están produciendo en las llamadas neurociencias son tantas y tan importantes, que están haciendo surgir nuevos términos, como los de «neuroética» y «neuroderecho». Estos neologismos designan disciplinas que buscan promover la reflexión sobre las consecuencias que para la vida de las personas pueden llegar a tener los nuevos descubrimientos que se están dando en el campo de las llamadas neurociencias.

—Como conocedor de la Historia de la Medicina, ¿existe algún escenario pasado que supusiese tal nivel de desafío? Porque, perdone si estoy simplificando, se trata de evitar que alguien se meta directamente en nuestras cabezas.

—La humanidad siempre ha fantaseado con la posibilidad de manipular el psiquismo humano. Lo que sucede es que hasta hace muy poco tiempo se trataba solo de fantasías, que ahora comienzan a ser reales. De un mito, como el Golem de la mitología hebrea, estamos pasando a otros más sofisticados, como los llamados ciborgs o cibernetic organisms. Hay mitos que poco a poco van convirtiéndose en realidades.

 

—Hablando sobre ética, valores y decisiones. En un contexto en el que las humanidades, como mucho, van tirando. Quizás sea una pregunta demasiado grande, pero ¿qué momento vive España y el mundo en cuanto a la bioética?

—La bioética ha surgido por pura necesidad. Los avances técnicos son de tal categoría y tienen tal poder, que es necesario preguntarse cuál puede ser su utilización correcta, o cómo deben utilizarse. Antes decía que no todo lo técnicamente posible es, sin más, éticamente correcto. De ahí la necesidad de que el progreso científico-técnico vaya acompañado de una adecuada reflexión ética. Lo que está en juego es la vida humana, tanto en cantidad como en calidad

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