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La filósofa Ayn Rand, fundadora del objetivismo, defendió la actitud egoísta como la espina dorsal del bienestar, la libertad y la prosperidad humanas.

David Lorenzo Cardiel
Ethic - 15 de noviembre de 2024

Nacida en San Petersburgo en 1905 en una familia judía burguesa y con una genial precocidad hacia las artes, la escritora y filósofa Alisa Zinóvievna Rosenbaum, habitualmente conocida como Ayn Rand, vivió los últimos años de la Guerra Civil rusa en la ruina. Por ese motivo, escapó a Estados Unidos poco tiempo después de terminar en 1924 sus estudios universitarios en Filosofía e Historia. Quería hacer cine, quería escribir libros, pero, ante todo, lo que ansiaba era alcanzar el esplendor de su libertad natural.

Ayn Rand logró escapar de la Unión Soviética en el que iba a ser un breve viaje para visitar a unos familiares. Pasó el resto de su vida en el país donde pudo dedicarse a la literatura y al cine, sus dos grandes pasiones. Y, también, a la filosofía. Del país norteamericano llegó a decir, como alabanza, que emigró allí «porque era el único en el que podía ser realmente libre». No en vano, tuvo sus comienzos en Hollywood como guionista y como extra en algunas películas. En 1929, se casó con el actor Frank O’Connor, y dos años después recibió la ciudadanía estadounidense.

Durante aquellos primeros años de asentamiento y felicidad en el nuevo continente, Rand vendió sus primeros guiones cinematográficos y cosechó grandes éxitos en las artes escénicas y en la literatura, en especial con la novela Himno, publicada en 1938 en Reino Unido y que la elevó definitivamente a una autora destacada en el panorama internacional.

Bajo la influencia de Nietzsche, que había estudiado en la universidad y del que después renegó por su irracionalidad, Rand expuso su pensamiento a través de su obra literaria. Al principio mediante la descripción, más o menos ficticia, de las vivencias y acontecimientos vividos en Rusia bajo la óptica de su amor absoluto por la libertad, como es el caso de la novela Lo que vivimos, de 1936, donde describió la angustia y las peripecias de una mujer bajo el régimen soviético en un tono claramente autobiográfico. Más adelante, conforme su vida en Europa comenzaba a difuminarse, a través de novelas con una mayor carga filosófica, como El manantial (1943) y La rebelión de Atlas, cuya redacción fue terminada en 1957.

 

No obstante, las ideas de Ayn Rand siguen teniendo una notable influencia. Dos ejemplos carismáticos fueron Ronald Reagan y Margaret Thatcher (aunque la pensadora renegó del primero), por sus ideas económicas y la defensa del capitalismo en el contexto de la Guerra Fría. Pero también se han declarado seguidores del pensamiento de la autora el expresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos Alan Greenspan, Steve Jobs y artistas como Steve Ditko.

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