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La filósofa argentina Silvia Rivera analiza el más reciente libro del escritor y diplomático nicaragüense Carlos Midence, Nosotros y Occidente. Otra historia de un relato hegemónico, una obra que cuestiona la supuesta superioridad de Occidente, examina la persistencia de la colonialidad en la producción del conocimiento y plantea la desobediencia epistémica como condición para construir categorías de pensamiento verdaderamente autónomas.

FUENTE: Silvia Rivera / Revista De Frente - 4 de agosto de 2026

Es un honor para mí presentar el nuevo libro de Carlos Midence titulado Nosotros y Occidente. Otra historia de un relato hegemónico (Buenos Aires, Ciccus Ediciones, 2026).

Carlos Midence, escritor nicaragüense, filósofo, diplomático y militante sandinista, logra reunir sus múltiples oficios en una obra que entrelaza excelencia académica, compromiso político y fertilidad heurística.

El autor comparte su pensamiento político-filosófico y conduce al lector a través de una estructura organizada en una premisa introductoria y cuatro capítulos. En ellos analiza los dispositivos culturales utilizados para la construcción del «Otro» y la inferiorización de las poblaciones de países no hegemónicos; el uso imperial de las ciencias como instrumento de control y disciplinamiento social; y la necesidad de una desobediencia epistémica, indispensable para que los intelectuales del llamado «sur global» desarrollen categorías de pensamiento autónomas y se liberen de la dependencia conceptual del dominador.

Es importante aclarar que la referencia a un «sur global» puede resultar, a primera vista, problemática en más de un sentido, porque tiende a homogeneizar realidades diversas y refuerza la idea de una determinada ubicación geográfica que no da cuenta de la complejidad de la situación. En todo caso, la referencia al «sur» aparece como metáfora de la subalternidad, reuniendo pueblos diversos que deben ser reconocidos en sus singularidades, aunque todos compartan una historia atravesada por la exclusión y la opresión.

Existe diversidad de pueblos, de intereses y de necesidades. Pero también diversidad de clases sociales dentro de cada comunidad, dado que las poblaciones de los países periféricos no son homogéneas. En ellas existen núcleos internos de dominación, conformados por clases privilegiadas que trabajan para el opresor desde el propio territorio. El enemigo no necesariamente está afuera, y es importante recordarlo, especialmente al momento de producir, evaluar y aplicar conocimiento.

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