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¿Cómo se nos manipula emocionalmente en la actualidad? ¿Qué supone el uso de las pantallas en las aulas? El filósofo Carlos Javier González Serrano responde a estas y más cuestiones presentes en su libro ‘Una filosofía de la resistencia’.

Paula Barreiro Cores
Educación 3.0 - 12 de mayo de 2024

En su primer ensayo divulgativo “Una filosofía de la resistencia. Pensar y actuar contra la manipulación emocional” (Destino), el profesor de Filosofía y Psicología y orientador en Bachillerato Carlos Javier González Serrano (Madrid, 1985) indaga en los orígenes y consecuencias de la manipulación emocional a la que nos vemos sometidos con el fin de impedir el cuestionamiento del orden vigente. Alerta de que la ideología de la autoayuda, la resiliencia y el coaching nos bombardea constantemente con invitaciones a gestionar nuestras emociones para permanecer como si nada en un mundo inhabitable. A lo largo de sus páginas constata el peligro que entrañan el tipo de mensajes derivados del “si quieres, puedes”: los intentos de salvaciones individuales a problemas que son colectivos tratan de impedir la lucha política. Contra el olvido de lo común, propone una filosofía de la resistencia que recupere para los sujetos su propia agencia y decisión, empezando por la reeducación del deseo y la emancipación de la capacidad de atención. 

Pregunta: A lo largo del ensayo hace referencia a tu labor como docente. ¿Qué ha visto en el aula que le haya hecho entender la necesidad de un libro como este?

Respuesta: Durante estos años me ha parecido detectar, sobre todo, un creciente cuestionamiento por parte del estudiantado sobre el sentido de estar en el colegio o en el instituto. Parecen preguntarse, tanto en edades preadolescentes, adolescentes y en periodo de juventud, ya en la universidad, cuál es la finalidad de saber. Y esto, me parece, es un síntoma que señala hacia razones sistémicas que estamos pasando por alto. Sobre todo, la referida a la merma en la capacidad atencional. Quien no quiere o no puede prestar atención, y no digo en clase, sino en cualquier ámbito de la vida, no puede tomar nada en serio, y lo que es más grave, no puede considerar nada realmente valioso.

Nos enamoramos porque no podemos dejar de prestar atención a quien amamos; leemos un libro porque no podemos dejar de prestar atención a lo que nos cuenta; investigamos sobre algún asunto porque no podemos dejar de prestar atención a aquello que nos suscita curiosidad. Nuestros jóvenes, al contrario, viven inmersos en una vorágine de insipidez y de intrascendencia en la que no necesitan prestar atención continuada y perseverante a nada en absoluto: el scrolling infinito se ha convertido en la manera no de ver el mundo, sino de existirlo. Todo es igualmente irrelevante, todo es igualmente prescindible. Esto encierra consecuencias desastrosas en términos emocionales: “si nada tiene sentido porque todo pasa, porque todo es efímero y banal, mi vida tampoco la tiene”. Este es el modo de pensar implícito de muchos jóvenes. Es urgente centrar hoy la educación y la docencia en la reeducación de nuestro deseo, en aprender y enseñar a saber dirigirlo. Nos hemos despojado del dominio de nuestro deseo y, con ello, de nuestra capacidad para elegir, para decidir libremente.

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