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La ética de la inteligencia artificial en tiempos de cibermundo exige más que normativas técnicas; requiere de una filosofía crítica capaz de situar al sujeto cibernético en el centro del debate. La Inteligencia Artificial (IA) amplifica tanto nuestras capacidades como nuestras contradicciones.

Pedro Cruz
Acento - 26 de agosto de 2025

La implementación de la inteligencia artificial (IA) en nuestras sociedades representa una transformación profunda en las condiciones de pensamiento, acción y relación, lo cual no debe ser considerado únicamente como un avance técnico, sino como un cambio paradigmático. El ciberespacio, concebido como el espacio híbrido que entrelaza lo digital con lo humano, no es un escenario neutral; es un terreno de disputa donde se redefinen el poder, el conocimiento y las formas de vida. En este contexto, la reflexión ética se convierte en un imperativo inaplazable, pues las tecnologías no solo amplían las capacidades humanas, sino que también pueden erosionar derechos, reproducir desigualdades y generar nuevas formas de dominación.

El filósofo Andrés Merejo propone la categoría del «sujeto cibernético» para abordar esta condición contemporánea. Este sujeto no es un mero usuario de la tecnología, sino el artífice del cibermundo, alguien que construye realidades digitales y, simultáneamente, es transformado por ellas. El sujeto cibernético navega entre redes sociales, algoritmos y dispositivos ubicuos, experimentando una simultaneidad de lo real y lo virtual. No obstante, su capacidad creativa no lo exime de los riesgos inherentes a la sociedad digital, caracterizada por nuevas formas de vigilancia, precariedad laboral y control algorítmico que restringen su autonomía. En este sentido, la IA no debe ser entendida como un instrumento externo, sino como una dimensión constitutiva del sujeto que se manifiesta en la actualidad. (Merejo, 2024)

La cuestión ética se erige como una problemática ineludible: ¿qué entidad o entidad colectiva es responsable por las acciones de una inteligencia artificial que tienen un impacto en la vida de los seres humanos? Este dilema se manifiesta en debates contemporáneos sobre la autonomía de los algoritmos, que abarcan desde drones militares que toman decisiones sobre objetivos hasta sistemas financieros que gestionan sumas multimillonarias en fracciones de segundo. Como señala Merejo, la IA carece de conciencia, emociones y experiencia, y sus decisiones son el resultado de la programación y los datos recibidos. Por lo tanto, la responsabilidad última recae en el sujeto cibernético que diseña, utiliza o regula dicha tecnología. Sin embargo, la velocidad y complejidad de estos sistemas dificultan la determinación de responsabilidades claras, lo que nos enfrenta a un panorama de incertidumbre moral.

En este contexto, diversos pensadores contemporáneos han proporcionado diagnósticos que abordan esta cuestión. Yuval Noah Harari advierte sobre la probabilidad de que la inteligencia artificial (IA) reemplace a un gran número de trabajadores y transforme el ámbito político mediante la manipulación masiva de datos. Por su parte, Byung-Chul Han subraya cómo los algoritmos reducen la vida a información cuantificable, eliminando la experiencia del cuerpo y de la vulnerabilidad. Yuk Hui diserta acerca de la crisis de la narración: un universo regido por entes mecanizados que generan relatos desprovistos de experiencia, despojados de sustancia y remembranza. Estas perspectivas convergen en la idea de que la IA no solo plantea desafíos de índole técnica, sino también problemas de naturaleza existencial para la humanidad. (Merejo et al., 2024)

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La imagen ilustrativa NO pertenece al texto original - Imagen propia FEM/MS Designer

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