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Karina Silvia Garcta
La Diaria - 15 de noviembre de 2023

En reiteradas oportunidades, recientes y no tanto, me he visto obligada a argumentar en favor de la enseñanza de la filosofía, ya sea en diálogo con estudiantes, con colegas de otros campos disciplinares o en ámbitos cotidianos discutiendo alguna que otra noticia de actualidad. Es por ello que en esta oportunidad y en coincidencia con la conmemoración del Día Internacional de la Filosofía, propongo un argumento en favor de la filosofía. Para ello me valgo de autores clásicos y, a mi entender, ineludibles en la reflexión sobre la importancia de enseñar esta disciplina.

¿Por qué es importante aprehender filosofía?

Jean-Jacques Rousseau sostiene en Emilio: “Nacemos débiles, tenemos necesidad de fuerza; nacemos desprovistos de todo, tenemos necesidad de asistencia; nacemos estúpidos, tenemos necesidad de juicio. Todo lo que nosotros no poseemos por nuestro nacimiento y de lo que tenemos gran necesidad al ser mayores nos es dado por la educación”.

En esta cita, Rousseau sostiene que la educación tiene la difícil tarea de facilitarnos el rico patrimonio epistémico que nos permita, a cada uno de nosotros, desarrollarnos como hombres y mujeres. Una idea similar es la que Immanuel Kant propone en Sobre pedagogía. Allí escribe: “El hombre es la única criatura que tiene que ser educada, y es a través de la educación que llega a ser hombre”.

Entendida de esta manera, la educación, sostiene el filósofo prusiano, debe estar orientada al desarrollo de aquellos atributos que se presentan latentes en el hombre desde su nacimiento y que requieren de estímulos externos para manifestarse. Concibe al hombre como un ser inacabado y a la educación como la herramienta mediante la cual desarrollarse.

Podríamos decir que, por más que el hombre sea un animal racional, esta racionalidad no tiene lugar si no se cuenta con el estímulo que lo permita. La pregunta que deberíamos hacernos es si todo estímulo genera los mismos resultados, si cualquier tipo de educación es útil para el desarrollo pleno de nuestra condición de seres racionales.

En Lecciones sobre pedagogía, Carlos Vaz Ferreira sostenía que la educación debe perseguir dos fines. Uno reglado, orientado a la adquisición de conocimientos, y otro fermental, estimulante y sugestivo, para que los espíritus se ensanchen, función sin la cual “tienden a producirse los espíritus limitados, estrechos: sin vistas, sin horizontes; sin hondura y sin vuelos”.

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